“La pasión de la familia Arnau siempre ha sido hacer bailar a la gente”

LA RAZÓN: Entrevista JUAN ARNAU DURÁN Cofundador de elrow

La historia de los Arnau Durán es la de una familia con largo recorrido y tesón para reinventarse en el ámbito del ocio nocturno…

Sí, porque nos hemos caído y levantado varias veces. Todo empezó en 1870, cuando mi tatarabuelo por parte de madre monta un café en la localidad aragonesa de Fraga, que después con- virtió en casino (yo nací en la ruleta) y de casino paso a ser un cabaret. Más tarde, en las caballerizas colindantes se creó una sala de cine mudo, el Cine Victoria, y ahí fue donde por primera vez mi familia hizo bailar a la gente: se retiraban las sillas de platea y se bailaba la música de la película que se proyectaba.

Y luego entró en escena la familia de su padre…

Efectivamente. Los Arnau, procedentes de Catalunya. Se instalaron en Fraga con otro tipo de negocios, pero a mi abuelo por parte de padre le lla- mó la atención el éxito que tenía la sala de cine de mi otro abuelo, así que decidió crear él también su propio cine, el Cine Florida, apenas a 100m. de distancia del otro. De modo que mis abuelos fueron competencia… El drama vino cuando sus hijos, mis padres, se enamoraron. Y como no era plan que las dos familias siguieran enfrentadas, se buscó un intermediario que hiciera de gestor de las dos salas para no hacerse la competencia, creando un lobby de cines. Así las cosas, mis padres finalmente se casaron.

¿Cuándo dieron el salto a las salas de baile?

Mi abuelo Arnau se dio cuenta de que el baile venía pisando fuerte y deci- dió montar un entoldado al lado del río, que convirtió en la Terraza Jardín Flori- da, donde se permitía entrar a bailar a todo el mundo que iba al cine. El éxito fue tal que decidió crear también el Saloon Florida, al más puro estilo ameri- cano, por donde desfilaron figuras de la canción ligera y las mejores orquestas de la época. Fue incluso a Las Vegas a buscar al gran director de orquesta cata- lán Javier Cugat, que por aquel enton- ces triunfaba allí junto a su esposa, la bailarina Abelain. Desgraciadamente Juan Arnau fallecía un día antes de la actuación de Cugat en el Florida, pero el espectáculo continuó. La marca Florida y Arnau poco a poco se había convertido en referente de la música y la vida nocturna en el marco de la represiva sociedad española de aquel tiempo.

¿Por qué Fraga fue polo de atracción de gente joven que disfrutaba en los locales de su familia?

Porque en el cercano pueblo de Mequinenza había una importante industria del carbón. En período de guerra, muchos jóvenes se apuntaban a trabajar a las minas para evitar el servicio militar y ser enviados a filas. De manera que había mucha gente joven en la zo- na a la que entretener…

¿Qué pasó cuando los discos sustituyeron a las orquestas?

Al hilo de esa tendencia, en 1973 creamos la discoteca Florida Fraga, decorada por Javier Regás, pero la irrupción del disco en las salas de baile no fue buena para nosotros. La orquesta era espectáculo, así que para la gente bailar mientras sonaba un disco resultaba muy chocante. Para evitar ese efecto, hacíamos media sesión de orquesta y media de disco, pero aún así nuestras salas se empezaron a vaciar. Después llegó la competencia de otras discotecas de la zona. Todo eso supuso una ruina.

¿Cómo salieron de ella?

De nuevo creando negocio. Mis padres y mi esposa recuperaron a Regás para dar forma al legendario Florida 135, que inauguramos en 1985 recreando una auténtica calle del Bronx neoyorquino en medio de la ciudad de Fraga. Un formato muy revolucionario en aquel entonces, con cuatro pistas de baile, cafetería, cines y una gran cabina en la parte central del escenario que parecía precursora de la figura de los dee jay.

Y entonces llegó la revolución de la música electrónica…

Efectivamente. Empezamos enton- ces con los disc jokey, primero asesorados por gente del Sónar, en un tiempo en el que se empezaban a hacer festivales. De hecho, en unos terrenos de mi tía abuela empezó el Festival de los Monegros, donde se introdujo la música electrónica, apoyados por la programación del Florida y el equipo del Sónar. Fue un intercambio de I+D entre todos. Un proyecto que empezó con 200 amigos y acabó congregando a 40.000 personas.

¿Cuándo nace elrow?

Mi mujer, mis hijos y yo decidimos marcharnos a Barcelona en 1999 y allí nos encontramos con Javier de las Muelas, del Nick Havanna. Juntos pensamos que sería buena idea convertir la sala en un club de música electrónica los jueves por la noche. Y lo hicimos. El primer row fue allí, en el año 2000. Fue como un club de jazz dedicado a la electrónica underground: los jueves el Nick Havanna se transformaba en el row. Más tarde quisimos recrear el Florida en Viladecans y fracasamos porque hay cosas que no se pueden copiar: funcionan en lugar determinado y en otro no.

Estando solos mi mujer y yo en Bar- celona, en 2008, decidimos crear un espacio en el que la gente pudiera ir a bailar por la mañana, tal y como hacían en otros países. En 2010 entraron mis hijos, Juan y Cruz Arnau Lasierra, y creamos lo que después ha sido elrow, dando continuidad a nuestra pasión por hacer bailar a la gente.

¿Qué es elrow hoy?

Nos hemos convertido en una em- presa de entretenimiento global con más de 160 espectáculos al año en 35 países de los 5 continentes, más de 500 personas trabajando en el mundo y 20 temáticas diferentes, que cada año se incrementan. Hoy, elrow está consagrada como una de las mejores y más demandadas fiestas en Asia, Estados Unidos, Centro y Sur América y casi toda Europa. Tanto es así, que el casino Wynn las Vegas nos ha propuesto residencias fijas, concretamente 15 shows al año. En China actualmente tenemos 5 espectáculos y una previsión de más de 40 para 2019.

¿Por qué es distinto elrow?

Porque no existe nada con qué compararlo. Convertimos las pistas de baile en un espectáculo en el que el público es protagonista. Creamos grandes eventos, proyectos muy complejos para el mundo del entretenimiento. elrow es una marca que engloba un compendio de decoración actores, vestuario… Lo creamos todo en Sant Just Desvern y nos lo llevamos al país que nos llama, transformando cualquier espacio en nuestro propio mundo.

¿Qué reto queda de cara al futuro?

Cuando has sido capaz de llegar a uno de los principales casinos de Las Vegas y a China con proyectos impor- tantes, ya solo cabe mejorar y seguir trabajando para conseguir que la gente participe de lo que creamos y se lo pase bien. Como decían mi padre y mi abuelo, “no se trata solo de hacer espectáculo sino de que la gente sea feliz. La gente cuando baila tiene que sonreír”. Esa siempre ha sido y será la pasión de la familia Arnau.

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